Deambulas silente en la noche,eres flor nocturna
que como Luna
llamas a voces desesperadas
el susurro escondido de mi carne.
Tu mirada me dice
que quieres aventurarte
[Mi respuesta:]
"Adelante, bien(venida)"

A veces me pienso desnudo sobre le mundo. Recostado en el balance perfecto de los sueños y la vida. No me gusta pensar mucho en el futuro. Le temo, no sé si es porque soy un cobarde empedernido o porque las vibras que me llegan a veces no son muy gratas. En mi familia corre el don de la premonición, aun así, no lo intento mucho. Prefiero vivirme el día, intento practicar esa filosofía que me nace natural, lo que pasa en el momento.

Oshún, era hija del Río y de las espumas que se formaban en su desembocadura, se bañaba desnuda a sus orillas. En un rito sagrado, la orisha empastaba su piel con extracto de diferentes frutas del trópico, las más dulces y pulposas, de esas que embriagan y seducen a una distancia prudente hasta formar una miel espesa. Esa miel tenía propiedades divinas, era una especie de ambrosía, aquella que comían sus primos griegos. También cuentan que Oshún, mezclaba un poco de su sangre lunar y saliva con esta miel, para transformarla en afrodisíaco. Ese que volvió loco a todos los orishas hombres, por el que se formaron guerras astrales en busca de quien conseguía su amor. Cuentan los patakís que Oshún estaba deseosa de concebir a un ser especial, un mensajero para el mundo de los mortales, uno que representara en toda su gloria la fuerza y divinidad de los Orishas. Su madre Yemayá, a quien no se le puede esconder nada porque todo lo sabe, salió de las aguas acompañada de las oceánides, ninfas del mar, y decidió hablar con su hija, sabiendo su deseo. Oshún le explicó a lo que Yemayá respondió: –Habrá que hablar con Orunmila, babalawo de los orishas, para que nos dé sus consejos—. Oshún junto con su madre y su séquito se lanzaron a las aguas del río para ir a hablar con Orunmila.



-¿Con quién te dejaré?—dijo Mamá Gata—Las tripas me suenan y a ti también. Tengo que salir pero no te puedes quedar sola.


Ana María Fuster, mi querida amiga y hermana en la poesía, ha tenido la bondad de publicar mis versos en su blog. Para mí es un honor, que esta increíble mujer, dama de la poesía y dibujante de la ciudad haya considerado hacerlo. Ana María me tienes a tus pies, te quiero hermana.
