Cada vez que veo esto me muero de la risa, q viva la Lupe, ayyyyy Yiyiyi, es fiebreeee.
miércoles, enero 16, 2008
lunes, enero 07, 2008
Fragmento de cuento sin título todavía
Un rayo le golpeó en los párpados casi transparentes por los años que le caminaron duramente por el cuerpo. Sintió que respiraba otra vez. El letargo en el que había estado suspendido toda la noche desaparecía lentamente. Sintió movimiento en la mano derecha, un ligero entumecimiento en las otras extremidades. El cuerpo todavía le pesaba. Trató de levantarse pero fue inútil. A pesar de estar cerca de la costa hacía calor, mucho más dentro de la casona hecha con planchas de zinc oxidadas por el salitre y pedazos de cartón. Ya no oraba por las mañanas como solía hacerlo antes, sólo rogaba a Dios por una sola cosa:
-¡Sácame de este mundo que no vale nada!—
Se levantó de un solo movimiento, se pasó la mano por el rostro.
-¡Qué mierda! Yo no sé ni para qué coños te pido eso. Nunca me escuchas, ni siquiera me respondes.
-El no le responde a nadie…
-Tú cállate, no sabes hacer otra cosa que no sea fastidiarme.
-Yo no te fastidio. Yo sólo te digo lo que pasa.
-¡Que te calles te dije! Me fastidias, desaparécete.
La voz se esfumó con el temblor que dio la casa.—Tengo que amarrar esta cosa otra vez—se decía mientras echaba hacia un lado los periódicos que jugaban a hacer de sábanas. Salió de la casona que era un poco más baja que su altura. Trató de dar unos pasos con una postura derecha. Dio un grito desgarrador.
-¡Ah! Sea la madre del que me dio el cantazo anoche. Se me va a hacer una eternidad caminar ahora en lo que esto se arregla.
-Eso no se arregla sólo.
-Te dije que te fueras, ¡que no entiendes!
-Que no.
-Que te vayas te digo
-Pero es que…
-Carajo ya, ¡lárgate!—dijo de una manera tan fuerte que sintió que su cuerpo se despertó de manera súbita.—Tanta mierda pa lo mismo, por qué no me buscas o mandas un rayo que me parta por la mitad—decía mirando al cielo como buscando una razón, algo que lo tranquilizara. Comenzó a caminar.
-El vaso se te queda.
-¡Qué ya se que el vaso se me queda! Sólo trataba de ver como era que caminaba.
-Claro, muy obvio, que te harías sin mí.
-¿Qué dijiste?
-Nada.
-Ya déjame, vete vete, quiero estar solo.
Un ventarrón vino fuerte y empujó su cuerpo como hoja seca. Su rostro se alzó, caminó despacio, descalzo. Hacía años que no usaba zapatos. Ya sus pies no sentían el dolor del piso ardiente. Así mismo estaba su corazón, duro, resistente a lo que apareciera como muralla, aunque a veces se derretía y parecía que se le quería escapar por el primer hueco que encontrara. Caminaba pensando, siempre pensando en todo, cuestionándose todo, envuelto en hambre, sed y tal vez enfermedades que todavía no tienen nombre. Hoy, más que todos los días, le dolía pensar. Hoy se supone que fuera un día especial, aunque no recordaba por qué.
Siempre daba sonrisas de gratis. Tampoco tenía razones pero era algo inefable que existía dentro de él. Mientras caminaba pasó cerca de una familia que estaba compartiendo desde un mirador hacia el mar. Había una niña hermosa de ojos azules como los de él. Trató de recordar a alguien cercano que tuviera esos ojos. Pero no podía. Miró a la niña de largos cabellos negros y ojos que hacen recordar y le dio una sonrisa, le brindó lo más puro que podía tener. La niña gritó y se escondió detrás de su madre. Con la cordialidad que le surgía hacia los demás dijo—buenos días—. Esperó una contestación por unos breves segundos mientras caminaba. Nada sucedió, respiró hondo y siguió su camino.
-Mami, ¿por qué ese hombre apesta?—dijo la niña con inocencia ignorante.
-Porque es un vago que no se preocupa por sí mismo y le es más fácil pedir que trabajar, por eso es que apesta y es así—dijo la mujer de joyas lustrosas y zapatos blancos.
-¡Sácame de este mundo que no vale nada!—
Se levantó de un solo movimiento, se pasó la mano por el rostro.
-¡Qué mierda! Yo no sé ni para qué coños te pido eso. Nunca me escuchas, ni siquiera me respondes.
-El no le responde a nadie…
-Tú cállate, no sabes hacer otra cosa que no sea fastidiarme.
-Yo no te fastidio. Yo sólo te digo lo que pasa.
-¡Que te calles te dije! Me fastidias, desaparécete.
La voz se esfumó con el temblor que dio la casa.—Tengo que amarrar esta cosa otra vez—se decía mientras echaba hacia un lado los periódicos que jugaban a hacer de sábanas. Salió de la casona que era un poco más baja que su altura. Trató de dar unos pasos con una postura derecha. Dio un grito desgarrador.
-¡Ah! Sea la madre del que me dio el cantazo anoche. Se me va a hacer una eternidad caminar ahora en lo que esto se arregla.
-Eso no se arregla sólo.
-Te dije que te fueras, ¡que no entiendes!
-Que no.
-Que te vayas te digo
-Pero es que…
-Carajo ya, ¡lárgate!—dijo de una manera tan fuerte que sintió que su cuerpo se despertó de manera súbita.—Tanta mierda pa lo mismo, por qué no me buscas o mandas un rayo que me parta por la mitad—decía mirando al cielo como buscando una razón, algo que lo tranquilizara. Comenzó a caminar.
-El vaso se te queda.
-¡Qué ya se que el vaso se me queda! Sólo trataba de ver como era que caminaba.
-Claro, muy obvio, que te harías sin mí.
-¿Qué dijiste?
-Nada.
-Ya déjame, vete vete, quiero estar solo.
Un ventarrón vino fuerte y empujó su cuerpo como hoja seca. Su rostro se alzó, caminó despacio, descalzo. Hacía años que no usaba zapatos. Ya sus pies no sentían el dolor del piso ardiente. Así mismo estaba su corazón, duro, resistente a lo que apareciera como muralla, aunque a veces se derretía y parecía que se le quería escapar por el primer hueco que encontrara. Caminaba pensando, siempre pensando en todo, cuestionándose todo, envuelto en hambre, sed y tal vez enfermedades que todavía no tienen nombre. Hoy, más que todos los días, le dolía pensar. Hoy se supone que fuera un día especial, aunque no recordaba por qué.
Siempre daba sonrisas de gratis. Tampoco tenía razones pero era algo inefable que existía dentro de él. Mientras caminaba pasó cerca de una familia que estaba compartiendo desde un mirador hacia el mar. Había una niña hermosa de ojos azules como los de él. Trató de recordar a alguien cercano que tuviera esos ojos. Pero no podía. Miró a la niña de largos cabellos negros y ojos que hacen recordar y le dio una sonrisa, le brindó lo más puro que podía tener. La niña gritó y se escondió detrás de su madre. Con la cordialidad que le surgía hacia los demás dijo—buenos días—. Esperó una contestación por unos breves segundos mientras caminaba. Nada sucedió, respiró hondo y siguió su camino.
-Mami, ¿por qué ese hombre apesta?—dijo la niña con inocencia ignorante.
-Porque es un vago que no se preocupa por sí mismo y le es más fácil pedir que trabajar, por eso es que apesta y es así—dijo la mujer de joyas lustrosas y zapatos blancos.
martes, diciembre 25, 2007
se me resbalan tus dedos de ninfa
entre los labios,
beso tu nombre y el recuerdo de tus formas.
hay algo en ti que todavia me abre el estomago
que me devuelve razones
que me perturba el sueño sin darme pesadillas.
entre tu cuerpo de molusco y nácar,
un cardumen me devora los ojos
me destroza el cuerpo
y me esparce por corrientes ultramarinas...
...eso si no me cubro
de anzuelos y redes disfrazadas de algas.
domingo, diciembre 23, 2007
me harto de este modernismo romántico que no me deja.
lunes, diciembre 17, 2007
Mi diosa
Cuando menciono su nombre
recuerdo la palabra valentía,
sacrificio, dolor y privación.
Recuerdo la ternura de una madre,
y no tengo que recordarla
porque aun la siento.
Todos los días, al irme de casa
me da una sonrisa y me da su bendición.
Todas las tardes me recibe
con los brazos abiertos,
con su olor a cocina
con su olor a tierra
con su olor a detergente comprado
en Capri.
A cilantrillo, a ajo
al Niagara para planchar.
Con su apuro por ver a Nancy Álvarez
y la doctora Polo.
Con sus ojos cansados por tanto trabajar.
con su cuerpo adolorido por la artritis,
la hepatitis, la osteoporosis.
Me encanta estar con ella,
cuando cuenta sus cuentos
cuando habla y demuestra
que todavía tiene inocencia,
porque es como una niña de seis años,
Es un poco ingenua
pero aun así la quiero mucho.
La adoro porque es mi diosa.
Cuando hablo de ella
es hablar de belleza
es hablar de noches y días incansables.
Es hablar de un ser maravilloso,
es hablar de la heroína que me defiende,
que no vuela ni detiene balas
como Linda Carter,
no es la Mujer Maravilla.
Pero sí es la que detiene el tiempo
para quererme y hacerme volar como persona,
cuando hablo de amor, poesía y encanto
hablo de Rosa Velilla, mi querida abuela.
recuerdo la palabra valentía,
sacrificio, dolor y privación.
Recuerdo la ternura de una madre,
y no tengo que recordarla
porque aun la siento.
Todos los días, al irme de casa
me da una sonrisa y me da su bendición.
Todas las tardes me recibe
con los brazos abiertos,
con su olor a cocina
con su olor a tierra
con su olor a detergente comprado
en Capri.
A cilantrillo, a ajo
al Niagara para planchar.
Con su apuro por ver a Nancy Álvarez
y la doctora Polo.
Con sus ojos cansados por tanto trabajar.
con su cuerpo adolorido por la artritis,
la hepatitis, la osteoporosis.
Me encanta estar con ella,

cuando cuenta sus cuentos
cuando habla y demuestra
que todavía tiene inocencia,
porque es como una niña de seis años,
Es un poco ingenua
pero aun así la quiero mucho.
La adoro porque es mi diosa.
Cuando hablo de ella
es hablar de belleza
es hablar de noches y días incansables.
Es hablar de un ser maravilloso,
es hablar de la heroína que me defiende,
que no vuela ni detiene balas
como Linda Carter,
no es la Mujer Maravilla.
Pero sí es la que detiene el tiempo
para quererme y hacerme volar como persona,
cuando hablo de amor, poesía y encanto
hablo de Rosa Velilla, mi querida abuela.
martes, diciembre 11, 2007
Soy
Soy un animal triste parado y caminando
sobre un globo de tierra
~Angelamaría Dávial~
Soy un ser incompleto;
hay inquietudes en mí,
hay dudas de razón y tiempo.
Soy un ser dicotómico,
semidios que camina en dos realidades,
pienso en una incompleta.
Incompleta verdad
que me surge de mirarme al espejo
de escucharme la voz
de cerrar los ojos
y sumergirme en lo que podría ser mi perdición.
No hay fuerza
no hay instinto
me queda tragarme la saliva
sonreir con las muelas
y respirar bien hondo
bien pa dentro
reinventarme
desligarme de ataduras
para intentar decir lo mismo
de una manera diferente,
y seguir sin saber
quien soy de verdad.
martes, noviembre 27, 2007

Me siento desgarrado.
La textura de tus labios es penetrante,
es de esas que tatúan emociones y recuerdos
como si fueran tinta china,
la más negra de todas,
la más dulce y melancólica de todas.
Me atrevo a mirarte a los ojos
pensando en canciones de antes,
canciones que se olvidan con el rumor
del tacto;
tal vez el mismo de tus labios.
Todo se detiene por mirarte a los ojos.
Todo termina en eso;
en una imagen rodante
y circunferencial
captada por la vista y el tacto
de besos añejados en saliva y deseo
que cada vez, es más lenta,
lenta…
L
E
N
T
A
L…e…n…t…a…
La textura de tus labios es penetrante,
es de esas que tatúan emociones y recuerdos
como si fueran tinta china,
la más negra de todas,
la más dulce y melancólica de todas.
Me atrevo a mirarte a los ojos
pensando en canciones de antes,
canciones que se olvidan con el rumor
del tacto;
tal vez el mismo de tus labios.
Todo se detiene por mirarte a los ojos.
Todo termina en eso;
en una imagen rodante
y circunferencial
captada por la vista y el tacto
de besos añejados en saliva y deseo
que cada vez, es más lenta,
lenta…
L
E
N
T
A
L…e…n…t…a…
lunes, noviembre 19, 2007
La Nena, chic ella, casi sudando
Era el medio día. El sol estaba picando las pieles de los que no encontraban refugio entre las sombras de los árboles, o de los edificios. Y por ahí iba caminando ella, con una prisa de estrella fugaz. Iba como si el mundo se le cayera encima, como si se fuera a acabar. Su cara amarga, llena de preocupaciones, de prisa otra vez. Estaba cansada, tenía mucho peso sobre sus hombros. Agotada. Le dolía la cabeza, le picaba la cabeza, era el sol, y los productos baratos para el cabello que le producían caspa. Pobre, iba caminando con sufrimiento y para colmo, con caspa. Ella muy chic, blanquita, tratando de esquivar al sol para no tostarse la piel, pero era imposible, las sombras estaban escogidas, la gente la miraba, se sentía asquerosa, y para colmo una gota de sudor le corrió por la frente. —¡Ay fo, que asco!—decía la nena. Bendito, si es que se le notaba lo mal que se sentía. Las gotas comenzaron a correr más fuerte. Ella putrefacta, sin sentido común, comenzó a caminar más rápido diciendo: —Este sol está que pica y ni una jodía sombra. Ay Virgen, que nadie me oiga—. Se le safó la mala palabra a la nena, nena muy chic ella. Muy refinada, pero con palabras cafres. Seguía caminando, no podía más, su travesía era más difícil que la de Odiseo tratando de volver a Ítaca. Bendito, empezaba a jadear, casi como los perros, pero sin la lengua por fuera. Lo vio a Él, tan bonito, como un modelo de esos de revista europea. De esos que son perfectos, como los príncipes de cuentos y que invitan a incriminarse con el pensamiento. Tan bonito Él, como para comérselo todo.
Trató de sonreírle, pero el calor no la dejó, el sudor ya le corría por la cara, como las cataratas del Niágara. No podía más, casi llora la nena. Él la mira, piensa “qué lindo culo tiene la nena esa”. El pantalón bien ajustado a la cadera, sin aviso de carne líquida, todo plano, menos las nalgas (trrremendo coolant) y las tetas, por su puesto. Los tacos altos, la cartera que parece maleta combinada con su pantalón y joyas. Pobrecita, ella muy chic, casi llorando por el sudor, y que no se le olvide que la caspa le pica. Corre porque está cerca, la hora está a punto de comenzar. Por fin, su destino está muy cerca, ya deja de caminar como estrella fugaz, ahora va como cometa, un poco más lenta, pero tiene que caminar. Entra al edificio. Oprime el botón del ascensor, no puede subir las escaleras. Los tacos no la dejan caminar ya. Parece que le ha dado la vuelta al mundo entero. No debe subir las escaleras, después de la travesía que hizo, casi imposible. Vuelve a oprimir el botón. Se desespera. No abre. El ascensor marca el uno y no abre sus puertas. —Ay por favor ábreteeeee— suplica la nena casi llorando, bendito, tan chic y el mundo la hace sufrir. —De seguro esto es una conspiración astral-karmática-universal en contra de mi persona. Que jodien…(mira a todos lados, se compone) chavienda— se apresura a decir la nena chic de palabras cafres. Se seca el sudor con el pañuelito que tiene en la cartera que le combina con el pantalón y las joyas. Mira el reloj “Viceroy” [no es lo que tengo, es lo que soy] que compró con la tarjeta. Tarjetita dorada de papi, la cual le rogó que le prestara, las amigas tenían uno igual. La nena, chic ella, está “in”. —¡Ay, casi es hora! — dice la nena. Se dispone rápidamente a subir las escaleras. Otra travesía, casi como escalar el Everest sin el equipo necesario, y para colmo la nena con tacos. —¿Por qué a mí? — se pregunta la nena. Sube, sube, casi vuela, dos pisos más. No puede, se le cae un taco, se detiene una centésima de segundo y piensa si lo deja y sigue o lo recoge. Lo recoge, pero no se lo pone, sigue subiendo, totalmente encochinada, primero sudada y con caspa, ahora pisando donde todo el mundo camina y escupe. La nena chic está descalza, por lo menos de un pie. Y casi negro y ella muy blanca, papel y tinta. Un piso más, llega, se tambalea por el desbalance y la altura, ve la gloria, ve a San Pedro en las puertas del cielo. Se siente aliviada (casi). Ve la puerta. Ve un papel en la puerta:
“Estudiantes del profesor Torres no se reunirán hoy, el examen semestral será cambiado para la siguiente semana, se les recomienda que tomen el tiempo libre de esta hora para que repasen el material. Gracias”.
—¡Sea la madre del profesor y de todos los profesores del mundo, sea la madre de esta universidad, maldita sea (con mucha intensidad) ¡COÑO! Una que viene corriendo para coger el cabrón examen y no viene el profesor. Pero esto no se va a quedar así, el cabrón se va a acordar de mí, tanta insistencia para nada. Puñeta! — dice la nena. Bendito, tan chic y con palabras cafres. Todos la miran, la miran con detenimiento y con asombro. Se le salio el monstruo a la nena. Nadie lo cree, tan chic ella y hablando de esa manera. Casi se la tragan con la mirada. La nena se encoge, se pone diminuta, casi se hace una bola, quería que se la tragara la tierra, o mejor que desapareciera de otra manera porque eso es muy asqueroso.
Todos la miran, muy chic ella, una gota le corre, pero no es de sudor, es de sufrimiento y vergüenza. La nena, que había sudado, que el sol la había picado y tostado, que le había salido caspa, para colmo descalza por su escala en el Everest, y después, el profesor que no había venido. La nena lloró, desconsoladamente, con un lamento de tragedia griega. Las puertas de la represa se abrieron. Casi le falta el aire, no puede creer lo que acaba de decir, se marea un poco. Está confundida, pero se compone antes de caer en el piso asqueroso de la universidad. Mira a todos lados y corre. Corre como fiera tras su presa, corre como presa que escapa de una fiera. Imposible, una fiera que la cazó y la marcó de por vida. Se fue, salió corriendo por todo el edificio, corrió más que la otra vez, el maratón apenas comenzaba.
Se montó en el carro de lujo que tenía, todo bien brilladito, hermoso, y desapareció en ruta a la avenida Barbosa.
Trató de sonreírle, pero el calor no la dejó, el sudor ya le corría por la cara, como las cataratas del Niágara. No podía más, casi llora la nena. Él la mira, piensa “qué lindo culo tiene la nena esa”. El pantalón bien ajustado a la cadera, sin aviso de carne líquida, todo plano, menos las nalgas (trrremendo coolant) y las tetas, por su puesto. Los tacos altos, la cartera que parece maleta combinada con su pantalón y joyas. Pobrecita, ella muy chic, casi llorando por el sudor, y que no se le olvide que la caspa le pica. Corre porque está cerca, la hora está a punto de comenzar. Por fin, su destino está muy cerca, ya deja de caminar como estrella fugaz, ahora va como cometa, un poco más lenta, pero tiene que caminar. Entra al edificio. Oprime el botón del ascensor, no puede subir las escaleras. Los tacos no la dejan caminar ya. Parece que le ha dado la vuelta al mundo entero. No debe subir las escaleras, después de la travesía que hizo, casi imposible. Vuelve a oprimir el botón. Se desespera. No abre. El ascensor marca el uno y no abre sus puertas. —Ay por favor ábreteeeee— suplica la nena casi llorando, bendito, tan chic y el mundo la hace sufrir. —De seguro esto es una conspiración astral-karmática-universal en contra de mi persona. Que jodien…(mira a todos lados, se compone) chavienda— se apresura a decir la nena chic de palabras cafres. Se seca el sudor con el pañuelito que tiene en la cartera que le combina con el pantalón y las joyas. Mira el reloj “Viceroy” [no es lo que tengo, es lo que soy] que compró con la tarjeta. Tarjetita dorada de papi, la cual le rogó que le prestara, las amigas tenían uno igual. La nena, chic ella, está “in”. —¡Ay, casi es hora! — dice la nena. Se dispone rápidamente a subir las escaleras. Otra travesía, casi como escalar el Everest sin el equipo necesario, y para colmo la nena con tacos. —¿Por qué a mí? — se pregunta la nena. Sube, sube, casi vuela, dos pisos más. No puede, se le cae un taco, se detiene una centésima de segundo y piensa si lo deja y sigue o lo recoge. Lo recoge, pero no se lo pone, sigue subiendo, totalmente encochinada, primero sudada y con caspa, ahora pisando donde todo el mundo camina y escupe. La nena chic está descalza, por lo menos de un pie. Y casi negro y ella muy blanca, papel y tinta. Un piso más, llega, se tambalea por el desbalance y la altura, ve la gloria, ve a San Pedro en las puertas del cielo. Se siente aliviada (casi). Ve la puerta. Ve un papel en la puerta:
“Estudiantes del profesor Torres no se reunirán hoy, el examen semestral será cambiado para la siguiente semana, se les recomienda que tomen el tiempo libre de esta hora para que repasen el material. Gracias”.
—¡Sea la madre del profesor y de todos los profesores del mundo, sea la madre de esta universidad, maldita sea (con mucha intensidad) ¡COÑO! Una que viene corriendo para coger el cabrón examen y no viene el profesor. Pero esto no se va a quedar así, el cabrón se va a acordar de mí, tanta insistencia para nada. Puñeta! — dice la nena. Bendito, tan chic y con palabras cafres. Todos la miran, la miran con detenimiento y con asombro. Se le salio el monstruo a la nena. Nadie lo cree, tan chic ella y hablando de esa manera. Casi se la tragan con la mirada. La nena se encoge, se pone diminuta, casi se hace una bola, quería que se la tragara la tierra, o mejor que desapareciera de otra manera porque eso es muy asqueroso.
Todos la miran, muy chic ella, una gota le corre, pero no es de sudor, es de sufrimiento y vergüenza. La nena, que había sudado, que el sol la había picado y tostado, que le había salido caspa, para colmo descalza por su escala en el Everest, y después, el profesor que no había venido. La nena lloró, desconsoladamente, con un lamento de tragedia griega. Las puertas de la represa se abrieron. Casi le falta el aire, no puede creer lo que acaba de decir, se marea un poco. Está confundida, pero se compone antes de caer en el piso asqueroso de la universidad. Mira a todos lados y corre. Corre como fiera tras su presa, corre como presa que escapa de una fiera. Imposible, una fiera que la cazó y la marcó de por vida. Se fue, salió corriendo por todo el edificio, corrió más que la otra vez, el maratón apenas comenzaba.
Se montó en el carro de lujo que tenía, todo bien brilladito, hermoso, y desapareció en ruta a la avenida Barbosa.
viernes, septiembre 07, 2007
Fantasma acuático
~Sylvia Rexach~
Estoy aquí
en algún rincón
de esta isla perdida
deseándote el mar,
el arrullo incansable
de los peces que bañan
estas costas diminutas
de mis ansias,
el parpadeo de estrellas milenarias
que no acaban su fuego galáctico
como diciendo aquí estamos
para ti…
para mí…
Existe un faro en la distancia
que me recuerda tus ojos
de gato en la noche,
tus ojos que me alumbraban
el camino
para no naufragar en el intento
de tenerte.
Y esa brisa fresca
que me recuerda
tus caricias inquebrantables en la mañana.
Así eres tú,
como el mar eterno,
como las olas
la espuma
las arenas.
Como un fantasma acuático
que no me abandona
y que aparece y desaparece
entre la bruma
de esta noche serena y tranquila.
A GOAVA
16 de junio de 2007
10:45 pm
Guánica, Puerto Rico
martes, julio 17, 2007
Escondido

¿Escondido?
Tal vez en algún rincón
de tu aparato genital.
En el recuerdo…
Allí donde todo era mejor,
donde las cosas pasaban
con intención y sentido.
Al menos eso creía yo.
Al menos eso me hiciste creer.
¿Y qué debo decirte? ¿Gracias?
Púdrete quizás.
Me surge esa rabia loca,
la que me da con tirar cosas al piso,
esa que fue la única que te escondí
para que todo saliera perfecto.
Qué maravilla es esta porquería.
Las cosas me salen así,
no puedo negarlo
nadie ha sido amable conmigo,
por más que lo hayan intentado
siempre algo jodía el momento.
Y pues,
dicen que las manías, gestos
y hasta la forma de hablar
se le pega a uno de la gente
con la convivencia.
Bendita y maldita convivencia.
Ahora pienso que me parezco
un poco a ti.
Y no dudes que lo aborrezco.
miércoles, julio 04, 2007
Que no me piense

Porque no resisto que me olvide
y aborrezco que me ame
~Angelamaría Dávila~
Que no me mire
me repito siempre,
temiendo a su rechazo
o a su presencia escondida en lo invisible.
Que si me devuelve una sonrisa
o prefiere estar en la distancia a secas
con sus palabras
escondidas entre dientes,
que mejor lo haga.
Porque no soporto
que me deje entre sombras
y detesto la idea que me piense.
(¿Por qué todo tiene que ser
una insistencia que me agobia las
paciencias y me destrona su corazón?)
Amo y odio
estar sólo en su pensamiento
y ser las sobras que calman
sus “agonías”
cuando el plato principal
lo ha tenido siempre.
y aborrezco que me ame
~Angelamaría Dávila~
Que no me mire
me repito siempre,
temiendo a su rechazo
o a su presencia escondida en lo invisible.
Que si me devuelve una sonrisa
o prefiere estar en la distancia a secas
con sus palabras
escondidas entre dientes,
que mejor lo haga.
Porque no soporto
que me deje entre sombras
y detesto la idea que me piense.
(¿Por qué todo tiene que ser
una insistencia que me agobia las
paciencias y me destrona su corazón?)
Amo y odio
estar sólo en su pensamiento
y ser las sobras que calman
sus “agonías”
cuando el plato principal
lo ha tenido siempre.
martes, junio 26, 2007
Tomo el papel

Tomo el papel
y la tinta
para delinear tu cuerpo
en mares profundos de palabras.
La musa se apodera de esta conciencia
y desprende su esencia
en pequeños trozos azules
que bordean mis poros
y recorren mi piel entera.
Aquí termina todo,
en la dualidad
de tu cuerpo y el mío,
de saber si eres verbo
o si eres poesía
y la tinta
para delinear tu cuerpo
en mares profundos de palabras.
La musa se apodera de esta conciencia
y desprende su esencia
en pequeños trozos azules
que bordean mis poros
y recorren mi piel entera.
Aquí termina todo,
en la dualidad
de tu cuerpo y el mío,
de saber si eres verbo
o si eres poesía
viernes, junio 22, 2007
lunes, junio 18, 2007
domingo, junio 10, 2007
Cuando hablo de ti
Cuando hablo de tihablo de infinito,
hablo de algo sin límites
como el mismo universo.
Y cuando se habla de universo
se habla de los viajes de astronautas
de tormentas eléctricas
y hoyos negros.
Cuando hablo de ti,
no hay barreras,
no hay horizontes
pero si hay miradas
hay ternura
hay calidez,
como la que hay
cuando se toma vino del bueno.
Cuando hablo de ti
hay emociones enigmáticas
que no sé de donde provienen,
tal vez de los hoyos negros,
de tormentas en un planeta acuático,
de algún gesto
de alguna caricia.
Pero lo que sí sé es
que cuando hablo de ti
hablo de eso que es difícil
de comentar y explicar
pero que alguna persona sabia
en algún país remoto
que no es este
llamó amor.
12:57 am
6 de junio de 2007
lunes, junio 04, 2007
El jardín

Quiero sentir tu mano húmeda,
tu mano mojada
acariciando mi vena latente.
Quiero que esta vez
seas tú quien me partas la vida,
¿por qué siempre tengo que ser yo
el que lo haga?
Quiero que me desnudes,
que me muerdas
y me dejes sin piel
como una vez yo lo hice.
Quiero desgarrar estas ropas
que me inhiben de tenerte
de besarte
de hundirme en tu boca
hasta dejarte sin aliento.
Quiero que me muestres el paraíso,
el jardín donde está tu fruta prohibida.
Enséñame a pecar,
enséñame a despedazarte.
Destápame la vista
con la crudeza de una espada ardiente.
Grita, exhala.
Gime, grita, exhala,
gime, grita, exhala,
gime, grita, exhala, grita.
Haz lo que quieras pero
no me detengas
que voy llegando
al final del túnel,
veo la luz blanca,
no pares, que yo estoy parado.
Quiero que te quedes ahí,
inmóvil, musitándome caricias en el rostro
hasta que se duerma
y no pueda más esta pasión.
tu mano mojada
acariciando mi vena latente.
Quiero que esta vez
seas tú quien me partas la vida,
¿por qué siempre tengo que ser yo
el que lo haga?
Quiero que me desnudes,
que me muerdas
y me dejes sin piel
como una vez yo lo hice.
Quiero desgarrar estas ropas
que me inhiben de tenerte
de besarte
de hundirme en tu boca
hasta dejarte sin aliento.
Quiero que me muestres el paraíso,
el jardín donde está tu fruta prohibida.
Enséñame a pecar,
enséñame a despedazarte.
Destápame la vista
con la crudeza de una espada ardiente.
Grita, exhala.
Gime, grita, exhala,
gime, grita, exhala,
gime, grita, exhala, grita.
Haz lo que quieras pero
no me detengas
que voy llegando
al final del túnel,
veo la luz blanca,
no pares, que yo estoy parado.
Quiero que te quedes ahí,
inmóvil, musitándome caricias en el rostro
hasta que se duerma
y no pueda más esta pasión.
A GOAVA, por esta pasión fertilizada.
4 de junio de 2007, 1:13am
4 de junio de 2007, 1:13am
sábado, junio 02, 2007
Esta sonrisa sin aliento

Me quiero quitar
los ojos y los pies y
las manos.
Quiero quitarme la piel
para sentirte
en este pedazo de poesía
que corresponde a nuestros
impulsos del deseo.
Quiero saberte la piel
sin la mirada
quiero entrar a tus sueños
sin mi cuerpo.
Abandóname por este rincón
en lo que resguardo
esta sonrisa sin aliento
y te digo hoy
sin querer queriendo
que te quiero.
los ojos y los pies y
las manos.
Quiero quitarme la piel
para sentirte
en este pedazo de poesía
que corresponde a nuestros
impulsos del deseo.
Quiero saberte la piel
sin la mirada
quiero entrar a tus sueños
sin mi cuerpo.
Abandóname por este rincón
en lo que resguardo
esta sonrisa sin aliento
y te digo hoy
sin querer queriendo
que te quiero.
Me dio
Me dio con reventarmeen tus pupilas,
con soñarte despierto
entre los espejos
que me arropan.
Yo quise sentirte
entre mi pecho,
respirarte hasta que
rompieras mis pulmones
con el sólo hecho
de tenerte cerca.
Me dio con doblarme
en tus manos,
de sembrar árboles
en tu huerto,
de fertilizar tus dientes
con mis besos.
Yo quise tenerte por completo
escuchar tu voz ronca
y dispersa,
sentir los jugos de tu cuerpo.
Me dio con enterrar
mis luces en tu sombra
y vivir escondido ahí
hasta que me revelaras
el camino de regreso.
y dispersa,
sentir los jugos de tu cuerpo.
Me dio con enterrar
mis luces en tu sombra
y vivir escondido ahí
hasta que me revelaras
el camino de regreso.
jueves, mayo 17, 2007
¡Rayo! La noche de La Diva
¡Rayo! La Noche de la Diva
en De Cuentos y el Silencio que los compone
http://www.decuentosyelsilencio.blogspot.com
domingo, mayo 06, 2007
...nadar con las sirenas

Se fueron las pocas esperanzas,
las anécdotas pasadas,
ilusionadas con el despertar de las luces
en tu puerto.
Aquí frente a la playa
me desvelé construyéndote sueños
y castillos para vivir.
Te busco entre la arena,
entre las algas
y junglas marinas.
De mi pecho salen
caracoles muertos.
Aquí me quedo esta noche
con el ir y venir de las olas
que no llegan
mientras el salitre me carcome.
Es mejor así,
pues podría sumergirme en las olas
y nadar con las sirenas,
de ahí a más allá de la espuma
no sé qué pasaría.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




